lunes, 31 de diciembre de 2012

Girar, girar y girar...

Este es el destino del trompo. Verlo girar sin parar. Cuando más dure su giro, más nos emociona.
Más pendiente estamos de él.
Cuando más tarde empieza su movimiento irregular, vemos que de a poco se hamaca de un lado a otro hasta que finalmente se cae sobre su costado, aunque siga girando un poco más.
Ha sido un juego sencillo, para niños sencillos y maravillados con el movimiento.
Ha permanecido por años de padres a hijos, de hijos a nietos y sin cambiar su propósito, nos ha deleitado con sus movimientos.
Pintados de colores, hechos de distintas formas, fabricados con diversos materiales, siempre nos asombran.
Los hay modernos y tradicionales.
Pero siempre, cualquiera sea la forma, el color, el niño o el adulto que lo lance, siempre nuestros ojos girarán y se iluminarán con cada una de sus vueltas.
Este blog es para aquellos que tengan ganas de jugar otro día más.
Sean niños o adultos, siempre hay tiempo para ir a jugar.
Es también para comunicarnos hallazgos, anécdotas, historias y recuerdos de la infancia.
Servirá para contarles y contarnos las distintas formas de construir trompos, para aprender a realizarlos, conocer cuáles son los que mejor funcionan y por qué y muchas cosas más.
Lo hacemos porque desde el lugar de todos los días donde trabajamos como maestros con niños de 4 a 12 años, los vemos jugar con trompos. Todos hasta ahora son comprados en jugueterías.
Pensamos que una forma de aprender más, saber jugar mejor, es construir nuestros propios juguetes.
Aprender los principios de su funcionamiento. O simplemente encontrar que es muy divertido construir algo nuevo. Crear variaciones. Inventar formas. Imaginar como funcionará cuando esté terminado.
Yo creo que no comenzamos a jugar cuando lo lanzamos con fuerza para que gire, sino que ya estamos jugando en nuestra imaginación que también es como un trompo: gira, y gira, y gira sin parar.....

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